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Viaje del Parnaso

  El poema cuenta un viaje literario, por geografas reales y mticas, en el que Miguel de Cervantes, montado en una mula, emprende la misin de reclutar a los mejores poetas espaoles para librar una batalla contra los poetas mediocres. Para ello viajar de Madrid a Valencia, donde con ayuda de Mercurio, rene un contingente de buenos poetas y se hacen a la mar en un barco alegrico, hecho de versos, con destino al Parnaso, donde librarn una batalla contra los poetastros que pretenden tomarlo. En el viaje martimo avistan Gnova, Roma y Npoles y consiguen pasar el peligroso estrecho de Mesina, entre Escila y Caribdis, deidades a quienes tienen que aplacar ofrecindoles el sacrificio de Antonio de Lofraso, uno de los poetas embarcados. Finalmente, no se llega a arrojar al atemorizado poeta sardo y, tras encontrarse con un bajel de malos poetas, a quienes Apolo castiga utilizando la fuerza de Neptuno, que los hace naufragar (aunque su furia es aplacada luego por las artes amatorias de Venus), el ejrcito llega a la falda del monte Parnaso, beben las aguas de la fuente de Castalia y son recibidos por el propio Apolo, dios de la poesa. Tras un merecido descanso, en el que suean con la doble cara de la poesa (la elegante y la vulgar), entablan combate con el ejrcito de poetastros utilizando ambos bandos municin consistente en libros y poemas. Vence la buena poesa y despiertan del viaje alegrico.


La Vuelta de Martín Fierro by José Hernández

  De Contenido: 'Entrego á la benevolencia pública, con el título LA VUELTA DE MARTINFIERRO, la segunda parte de una obra que ha tenido una acogida tangenerosa, que en seis años se han repetido once ediciones con un totalde cuarenta y ocho mil ejemplares. Esto no es vanidad de autor, porque no rindo tributo á esa falsadiosa; ni bombo de Editor, porque no lo he sido nunca de mis humildesproducciones. Es un recuerdo oportuno y necesario, para esplicar porque el primertirage del presente libro consta de 20 mil ejemplares, divididos encinco secciones ó ediciones de 4 mil números cada una -y agregaré, queconfio en que el acreditado Establecimiento Tipográfico del Sr. Coni,hará una impresion esmerada, como la que tienen todos los libros quesalen de sus talleres. Lleva tambien diez ilustraciones incorporadas en el testo, y creo queen los dominios de la literatura es la primera vez que una obra salede las prensas nacionales con esta mejora. Así se empieza. Las láminas han sido dibujadas y calcadas en la piedra por D. CárlosClerice, artista compatriota que llegará á ser notable en su ramo,porque es jóven, tiene escuela, sentimiento artístico, y amor altrabajo. El grabado ha sido ejecutado por el señor Supot, que posée el arte,nuevo y poco generalizado todavia entre nosotros, de fijar en láminasmetálicas lo que la habilidad del litógrafo ha calcado en la piedra,creando ó imaginando posiciones que interpreten con claridad y sentimiento la escena descrita en el verso. No se ha omitido, pues, ningun sacrificio á fin de hacer unapublicacion en las mas aventajadas condiciones artísticas. En cuanto á su parte literaria, solo diré que no se debe perder devista al juzgar los defectos del libro, que es copia fiel de unoriginal que los tiene, y repetiré, que muchos defectos están allícon el objeto de hacer mas evidente y clara la imitacion de los que loson en realidad. Un libro destinado á despertar la inteligencia y el amor á la lecturaen una poblacion casi primitiva, á servir de provechoso recreo,despues de las fatigosas tareas, á millares de personas que jamás hanleido, debe ajustarse estrictamente á los usos y costumbres de esosmismos lectores, rendir sus ideas é interpretar sus sentimientos en sumismo lenguage, en sus frases mas usuales, en su forma mas general,aunque sea incorrecta; con sus imágenes de mayor relieve, y con susgiros mas característicos, á fin de que el libro se identifique conellos de una manera tan estrecha é intima, que su lectura no sea sinouna continuacion natural de su existencia. '


Filipinas Dentro De Cien Años

  De Contenido: 'Siguiendo nuestra costumbre de abordar de frente las más árduas y delicadas cuestiones que se relacionan con Filipinas, sin importarnos nada las consecuencias que nuestra franqueza nos pudiera ocasionar, vamos en el presente artículo á tratar de su porvenir. Para leer en el destino de los pueblos, es menester abrir el libro de su pasado. El pasado de Filipinas se reduce en grandes rasgos á lo que sigue: Incorporadas apenas á la Corona Española, tuvieron que sostener con su sangre y con los esfuerzos de sus hijos las guerras y las ambiciones conquistadoras del pueblo español, y en estas luchas, en esa crisis terrible de los pueblos cuando cambian de gobierno, de leyes, de usos, costumbres, religión y creencias, las Filipinas se despoblaron, empobrecieron y atrasaron, sorprendidas en su metamorfosis, sin confianza ya en su pasado, sin fe aun en su presente y sin ninguna lisonjera esperanza en los venideros días. Los antiguos señores, que sólo habían tratado de conquistarse el temor y la sumisión de sus súbditos, por ellos acostumbrados á la servidumbre, cayeron como las hojas de un árbol seco, y el pueblo, que no les tenía ni amor ni conocía lo que era libertad, cambió fácilmente de amo, esperando tal vez ganar algo en la novedad. Comenzó entonces una nueva era para los Filipinos. Perdieron poco á poco sus antiguas tradiciones, sus recuerdos; olvidaron su escritura, sus cantos, sus poesías, sus leyes, para aprenderse de memoria otras doctrinas, que no comprendían, otra moral, otra estética, diferentes de las inspiradas á su raza por el clima y por su manera de sentir. Entonces rebajóse, degradándose ante sus mismos ojos, avergonzóse de lo que era suyo y nacional, para admirar y alabar cuanto era extraño é incomprensible; abatióse su espíritu y se doblegó. Y así pasaron años y pasaron siglos. Las pompas religiosas, los ritos que hablan á los ojos, los cantos, las luces, las imágenes vestidas de oro, un culto en un idioma misterioso, los cuentos, los milagros, y los sermones fueron hipnotizando el espíritu, supersticioso ya de por sí, del país, pero sin conseguir destruirlo por completo, á pesar de todo el sistema después desplegado y seguido con implacable tenacidad. Llegado á este estado el rebajamiento moral de los habitantes, el desaliento, el disgusto de sí mismo, se quiso dar entonces el último golpe de gracia, para reducir á la nada tantas voluntades y tantos cerebros adormecidos, para hacer de los individuos una especie de brazos, de brutos, de bestias de carga, así como una humanidad sin cerebro y sin corazón. Entonces díjose, dióse por admitido lo que se pretendía, se insultó á la raza, se trató de negarle toda virtud, toda cualidad humana, y hasta hubo escritores y sacerdotes que, llevando el golpe más adelante, quisieron negar á los hijos del país no sólo la capacidad para la virtud, sino también hasta la disposición para el vicio. Entonces esto que creyeron que iba á ser la muerte fué precisamente su salvación. Moribundos hay que vuelven á la salud merced á ciertos medicamentos fuertes. Tantos sufrimientos se colmaron con los insultos, y el aletargado espíritu volvió á la vida. La sensibilidad, la cualidad por excelencia del Indio, fué herida, y si paciencia tuvo para sufrir y morir al pie de una bandera extranjera, no la tuvo cuando aquel, por quien moría, le pagaba su sacrificio con insultos y sandeces. Entonces examinóse poco á poco, y conoció su desgracia. Los que no esperaban este resultado, cual los amos despóticos, consideraron como una injuria toda queja, toda protesta, y castigóse con la muerte, tratóse de ahogar en sangre todo grito de dolor, y faltas tras faltas se cometieron.


Judas

  DEPRIMEIRA JORNADA: 'A aldeia de Bethania fica a hora e meia de Jerusalem. Sobre a collina em que ella assenta ergue-se, modesta e affastada das outras habitaes, a casa de Simo, o Leproso. Tem esta a forma tipica de uma piramide rectangular truncada, e na parte superior um terrao onde florescem nos canteiros roseiras de Jerich. Em frente da porta, ladeada de duas janellas a deseguaes alturas, um pequeno largo coberto pela enorme abobada de verdura de grossas arvores seculares, coevas talvez dos ultimos grandes profetas. A agua de uma fonte visinha, jorrando natural da fenda de um rochedo, cae sobre uma pia ampla, de architectura romana, espalhando no ambiente notas cristallinas, e fazendo-nos pensar na Samaritana da lenda... Um tronco de arvore carcomido pelo tempo e tombado no solo convida ao descanso e meditao. Uma longa estrada, aberta pelo rodar dos carries, vae desde ali serpeando por entre o matto, ora subindo, ora descendo, em curvas graciosas, at que chega aos terrenos cultivados onde o trigo verdeja e as papoulas entreoccultam as suas manchas rubras. Ergue-se ento o Monte das Oliveiras, de um verde acinzentado; da sua macissa ramagem surgem, majestosos, dois altissimos cedros antigos como Babylonia, e em volta dos quaes esvoaa um bando de pombas brancas. Aquelle monte, esquerda, rude, penhascoso, de cr turva, o [4] Monte do Escandalo; e chama-se Cedron o riosinho que apparece na linha inferior da encosta, e que, muito calmo e prateado, vae sumir-se alem no Valle de Josaphat, onde dormem em seus sepulcros caidos as ossadas dos profetas e patriarchas. L ao longe, no fundo do quadro e sobre terreno irregular, alonga-se a cidade de Jerusalem com as suas casarias de configurao muito geometrica, amontoadas como um forte punhado de dados. Mal se distinguem as ruas estreitas, com apparencia suja nas velhas cantarias. A cidade vae n'um plano ascendente, que se quebra para l da encosta: ali a antiga Sio do tempo do grande rei David. Mais clara, vem descendo a cidade nova, terminando junto do Monte Moriah onde, segundo diz a lenda, Abraho esteve prestes a immolar seu filho Isaac, em sacrificio ao Senhor. Por isso n'aquelle monte se alevanta, mudo como um misterio, o grande Templo, a casa do Deus que foi, e ha-de ser: Jehovat. A Torre Antonia, a um dos angulos do vastissimo quadrado, que fecha o recinto vedado a profanos, como uma sentinella de Tiberio, na sua attenta quietao. Para alem da cidade, a perder de vista, alonga-se o campo inculto, onde o carrasco e a urze predominam, e onde raras palmeiras deixam pender suas folhas esfarrapadas. Pequenos logarejos clareiam aqui e ali; muito nos longes, divisa-se a collina de Mizpa e a cordilheira de Gabao entestando no firmamento azul e alegre. Vae declinando o sol d'uma formosa tarde do comeo da primavera, que entorna regaos de seiva, de canticos e de cores por sobre todo o harmonioso quadro. A brisa, ainda morna, traz-nos o aroma dos trigaes, de mistura com o resinoso do matto, que morenisa a pelle e pe nos labios um sabor acre. Os rebanhos tilintam vagamente; vo cantando na estrada as cotovias.'

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